Edgardo Civallero. Perfil

El autor


 

Perfil

Soy bibliotecario, investigador, escritor y docente. Trabajo como consultor de información independiente (data science y análisis de datos, digital/content curation, web semántica, linked data), como traductor y editor de textos, y, desde hace 25 años, como diseñador gráfico y editorial.

En el ámbito académico, soy licenciado en bibliotecología y documentación: mis especialidades en esta área son la clasificación del conocimiento, las humanidades digitales, la tradición oral, los servicios bibliotecarios para pueblos originarios y minoritarios, y los sonidos amenazados (lenguas y música). También me interesan la sostenibilidad y el decrecimiento, la bibliotecología crítica y social, y la descolonización.

Por otra parte, soy músico; en este campo desarrollo una amplia actividad de investigación y divulgativa, con artículos y publicaciones digitales libres.

Mis perfiles como profesional de la información y como músico se encuentran en línea, junto a mis actividades en cada área. Todo mi trabajo está almacenado en el archivo de acceso abierto Acta Académica, así como en los repositorios Academia.edu, Issuu, Scribd y Calameo.

 

Contacto

Puedes escribirme a mi correo electrónico personal, edgardocivallero (arroba) gmail (punto) com, o encontrarme en Facebook o LinkedIn.

 

Sobre mi

Mi nombre es Edgardo Civallero. Nací en Buenos Aires a principio de los 70'. De niño conocí poco de mi país y sus costumbres, pues poco salí de mi ciudad natal, aunque sí supe de una guerra en unas islas del Atlántico sur y de un ambiente enrarecido que, según entendí años después, era producto de un gobierno militar. Mis hobbies eran tomar por asalto la biblioteca de mi casa, imaginar historias, hacer preguntas difíciles, dibujar, y perderme en un enorme planisferio que colgaba de la pared.

A mediados de los 80' me convertí en un miembro más de la gran tribu de viajeros latinoamericanos que aterrizaron en España. "Inmigrantes", nos llamaron. Igual que llamaron a mis bisabuelos italianos cuando bajaron del barco en el puerto de Buenos Aires. A mí me tocó en suerte vivir en las islas Canarias. Allí realicé mis primeros trabajos como diseñador gráfico para pagar mis estudios universitarios de Ciencias del Mar. Y allí, paradójicamente, descubrí e interpreté los ritmos y sonidos de mi continente natal de manos de un grupo de músicos callejeros ecuatorianos. En esas "islas Afortunadas" cursé la carrera de biólogo marino, estudié en un conservatorio, buceé, escalé riscos, me enamoré de los pueblos indígenas de mi lejano terruño, me empleé en una imprenta, inicié mi colección de instrumentos musicales andinos, aprendí un puñado de idiomas (incluyendo el quechua, mi favorito) y me uní a grupos de música latinoamericana soplando flautas y golpeando tambores. Con uno de ellos grabé mi primer CD, mientras que con los otros registré muchas canciones en casetes: las famosas "maquetas".

A mediados de los 90' volví a migrar y regresé a Argentina. Me radiqué en la provincia de Córdoba, donde seguí haciendo música, esta vez folklore argentino. Continué diseñando y dibujando, y practiqué el difícil arte de la supervivencia de la mano de cientos de argentinos que no tenían nada que perder porque ya lo habían perdido todo. Allá por el 97' pisé por primera vez una comunidad indígena durante una estancia en el noreste argentino, donde trabajé en imprentas y algodonales. Fue entonces cuando terminé de enamorarme de los pueblos aborígenes y cuando comencé a aproximarme a sus problemas. De vuelta en Córdoba en el 98’, seguí haciendo música y coleccionando instrumentos, y me desempeñé como docente de diseño gráfico e informática. Y fue en el 99’ cuando decidí estudiar Bibliotecología en la Universidad Nacional de Córdoba y arrancó mi andadura en una biblioteca popular.

En Córdoba terminé mis estudios de bibliotecario, y cursé la carrera de Historia junto a varias materias de Biología y Derecho. Hice más música, trabajé en compañías de diseño y en editoriales, y me metí de lleno en el mundo de las bibliotecas, que desde entonces se convirtió en otra de mis pasiones. Entre 2001 y 2006 llevé adelante un proyecto de desarrollo de bibliotecas en comunidades indígenas, proyecto que me puso en contacto íntimo con mundos hasta entonces solo adivinados en libros y documentales. Mundos de pobreza y riqueza, de victorias y fracasos cotidianos, de saberes conservados en la palabra y memorias perdidas a manos ajenas, de verdades y mentiras.

Trabajando por Argentina anduve, pues: entre los algarrobales de Salavina y Atamisqui, en las salinas de Ambargasta, en los rancheríos de Avia Terai y Quitilipi, por Las Lomitas, cruzando el río Bermejo y el Salado, por San Juan, Salta y Tucumán... Me formé como investigador y docente, escribí sobre mi trabajo, publiqué artículos y libros electrónicos, di conferencias y cursos, colaboré con propuestas de alfabetización y lecto-escritura, recogí tradición oral, estudié más idiomas y, sobre todo, aprendí. Aprendí mucho de los pueblos originarios y de las comunidades campesinas: sobre sus cuentos y leyendas, sobre su realidad y sus esperanzas, sobre su música y su historia, sobre sus posibilidades y sus errores... Sobre la vida, en fin.

Contando mis experiencias con esas sociedades, viajé. De Seúl y Kuala Lumpur a La Paz, Santiago de Chile, Guatemala y México, y de Pretoria y Johannesburgo a Roma, Estocolmo y Oslo. Esas travesías me permitieron hacer realidad uno de mis sueños: el de pisar algunos de los rincones entrevistos de niño en un enorme planisferio. Y el de experimentar en carne propia la maravillosa diversidad lingüística y cultural de nuestro mundo. Una diversidad que hice mía con cada idioma en el que me ejercité y con cada costumbre que me enseñaron, y que defiendo a ultranza en cada cosa que hago.

En aquella época me dejé atrapar por el mundo de los blogs y nació la "Bitácora de un bibliotecario", a la que luego se unieron varias bitácoras más. Seguí haciendo música y diseñando, e impulsé varios proyectos bibliotecológicos e informativos relacionados con los sistemas de salud latinoamericanos.

A lo largo de la primera década del milenio recorrí los Andes desde Temuco a Otavalo; visité Santiago, La Paz, Lima y Quito; me asomé al Titicaca, me perdí en la quebrada de Humahuaca, me mojé en la cascada de Peguche y en las aguas peruanas del Pacífico, me asombré ante el Tungurahua en erupción y los tamarugales de Atacama y me enfrenté a la Puerta del Sol allá arriba en Tiahuanaco. A finales de esa década grabé mi primer CD en solitario, "Vientos de tierra de vientos", echando mano de mi para entonces voluminosa colección de instrumentos andinos y mi bien provista fonoteca de música tradicional sudamericana. Y luego emprendí dos viajes más para anotar en mi lista: el que me haría retornar a España en el 2008, y el que me sentaría frente al viejo baúl de los recuerdos, con el fin de desempolvar los escritos que llevaba años esbozando en papeles y disquetes, y darles forma de novelas y de cuentos. Uno de ellos, "El Libro del Mensajero", fue publicado en Barcelona, y pude tocarlo en papel. Pero el sistema de "comercio cultural" resultó ser bastante diferente de lo que creía y defendía, así que, en la medida de lo posible, elegí trazar un itinerario al costado del mundo.

Terminé cuatro novelas, dos cuentos largos y varios cortos, y compuse mucha música. Aprendí de los sones de aquí y de allá, y de cómo construir los instrumentos que los provocan. Edité la revista digital sobre música y cultura andina "Tierra de vientos"/"Land of winds". Estuve por Helsinki y Londres, por La Haya y Amsterdam, por el frío norte cantábrico español, las verdes tierras gallegas y el cálido sur andaluz, y por muchos pequeños pueblos amurallados de Castilla.

En mis blogs presento y comparto el trabajo de los casi nueve lustros que acabo de resumir a vuelapluma, así como mis ocupaciones actuales; entre ellos se cuenta "Bibliotecario", continuador de mi primera "Bitácora de un bibliotecario". Y en "Civallero & Plaza" anoto mis impresiones sobre lo que me gusta y lo que no, sobre lo que pienso y dejo de pensar, y sobre lo que sueño. Muchas de mis pasiones se ven reflejadas en lo que escribo, compongo o dibujo: los pueblos indígenas sudamericanos, la música y los instrumentos, las lenguas, los viajes, las tradiciones campesinas, el medio ambiente, el mar... Pasiones sobre las que he estudiado e investigado, aprendido y experimentado. Pero también quedan incluidas muchas de mis experiencias de vida, desde las más agradables a las más duras. Porque sin sombras no hay luces.

Después de haber andado tantos caminos, lo que uno quiere es encontrar nuevos senderos y seguir dando pasos. Y este puede ser el principio de un trayecto muy interesante. Hecho a la medida de estas alas, no por pequeñas menos animosas.

© Edgardo Civallero | Creative Commons by-nc-nd